lunes, 1 de agosto de 2011

Día de padres

  Después de una semana larguísima, de tardes interminables por fin me llegó el día de ir a visitar a los niños al campamento. A las 11:30 teníamos que estar allí y después de recoger las tradicionales tortillas y empanadas para la comida de campo, nos pusimos de camino. A medida que hacíamos kilómetros la carretera se iba estrechando, hasta llegar  cerca del campamento donde nos esperaban dos scouts para indicarnos que dejáramos allí el coche y que nos tocaba andar. Así hicimos y cargados con la comida y mis bártulos fotográficos tiramos camino abajo. ¡Con qué alegría hice ese camino, iba a ver a los niños! Y además la bajada ayudaba a llevar todo el material.Qué curioso pero el mismo camino al revés al terminar el día realizaba el efecto contrario, mala leche y llegar desfondado al coche, jeje.


     En mitad de la bajada nos encontramos a Kaa que ya nos indicó lo poquito que faltaba  para llegar al campamento. Uno que ya ha hecho la mili se imaginaba las tiendas en linea en una explanada. Pero ¡qué va! Estaban en el medio del monte. Deciros que lloviznaba un poco y no nos rozaba ni una gota de agua por lo frondoso del bosque.






    Mientrás dejabamos las cosas cerca del comedor , ya vimos venir a las niñas corriendo y al niño a paso de tortuga detrás. Si los abrazos tuvieran sabor, esos abrazos serían mi comida favorita. Me alegró verlos con una sonrisa en la cara y dando la impresión de que ese debió ser el primer momento de acampada que se acordaron de nosotros.


    Por supuesto, después tocó la revisión visual típica de los padres. Tenían arañazos por todas partes y alguna rozadura de cuerda. Pero ellos no le daban importancia y menos se la iba a dar yo.






    Luego nos fueron enseñando el campamento. Lógicamente primero fuimos a la zona de manada que  es donde están ellos. Allí tenían sus tiendas de campaña, unos "sofás" y los necesereros que ellos mismos habían hecho.

    Luego vimos el comedor, una gran lona sujeta por cuerdas entre los árboles. Evidentemente con sus mesas y bancos.
    Al ladito mismo estaba la cocina, con sus cacharros y despensa. Allí los padres voluntarios como Santi, Marika, Josefa y Sofía (con Naiara de pinche) se afanan, con la dirección de Emilia de hacer exquisitas comidas para dar energía a todos los chavales.

    Por supuesto me tocó ir a visitar las letrinas...de esta parte me voy a saltar la descripción, jajaja.


    También visitamos la zona de otras ramas e incluso una de ellas se construyó un puente.

    Lo último fue la zona de juegos, de baño y las duchas que estaba todo en una gran explanada al ladito del río. Allí tenían acotada una zona poco profunda para los baños de los chavales.




    Ya os digo un lugar idílico al lado de un río para perderse unos días. Incluso os puedo decir que tenían camaradas animales con los que compartían río, como demuestra esta foto de una nutria.



    Como veis la parte de la infraestructura estaba conseguidísima gracias al esfuerzo de los scouters.

    Pero lo que más me llamó la atención, igual que a mi mujer, fue lo mayores que vimos a los niños, en el sentido de madurez. Yo tampoco entendía, cómo en  una semana habían dado ese salto. Pero después de estar en el campamento varias horas te das cuenta del motivo. Ahora que está de moda las redes sociales os puedo decir que la más avanzada es la de los Scouts, ni facebook ni nada, los Scouts.

    La interacción entre ellos es total, allí las ramas tienen parte de sus actividades por separado pero cuando se mezclan es impresionante. Me asombró ver el trato de los mayores con los pequeños. El cariño, la igualdad que le transmitían a los niños era preciosa. No se creían más ni mejores por ser mayores, ni por tener más años de scouts. Ellos mismos eran monitores para los niños.

    Deciros que los niños con nosotros estuvieron el tiempo justo. Ellos andaban con los amigos, grupitos de chavales de todas las edades que estaba compartiendo la misma experiencia y la misma felicidad.



    A  las 18:30 nos dio la hora de regresar, y el niño se quiso venir. Un amigo con el que se llevaba muy bien se tenía que marchar a una actuación y quizás algo triste por eso, Esteban decidió venirse con nosotros. Lo bonito es que según iba dejando el campamento los chavales, tanto mayores como pequeños lo paraban para despedirse.
   

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